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El BALANCE, la verdadera felicidad

Hace unos meses perdí a mi mejor amiga. Mi perrita Schatzi fue asesinada violentamente por unos coyotes una calurosa noche de septiembre. Estaba tan cansada de trabajar todo el día, todos los días durante esas últimas semanas que me quede dormida en el sofá de la editora después de una junta de la revista. Perdí la noción del tiempo y cuando desperté era casi el amanecer. Durante mi ausencia, mi perrita se salio y porque yo no estaba en casa, no pude salvarla.


Su pérdida dejó una abolladura permanente en mi corazón y me dio una perspectiva sobre las cosas que valoro y le doy mi tiempo. Para ser completamente honesta durante esa semana estaba tan cansada que no tuve energía para sacarla a caminar o jugar con ella. Estaba tan concentrada en trabajar duro día y noche con el deseo de avanzar mis metas que descuide lo que ya tenía. Lo irónico es que ella era una de las razones por las que estaba trabajando tan duro, pues quería que las dos tuviéramos una vida mejor.


Un día antes de su muerte me despertó en la madrugada para ir al baño y yo le grité. "Estoy cansada… ¿Por qué no puedo tener un minuto para mí?". Repetí esta frase durante la mañana varias veces mientras me arreglaba para salir puesto que ella me seguía a la cocina, al baño y hasta la puerta. Sin saber que en menos de 48 horas la perdería por siempre y obtendría los minutos que a gritos estaba pidiendo.


Creo que todos en algún momento hemos fantaseado con estar solos. Esa idea de vivir en libertad sin ninguna responsabilidad parece el paraíso. La familia, el trabajo, los amigos y las mascotas pueden hacernos sentir que estamos viviendo nuestra vida por los demás ya que todos piden algo de nosotros. Es lógico que haya momentos en los que fantaseamos con escapar, desaparecernos o pedir que nos dejen en paz. Cada año es mas común que las familias no se reúnan en fechas festivas o prefieran estar solos en casa que salir con amistades.


El estrés de todas las responsabilidades que nos echamos encima nos hace pensar que si estuviéramos completamente libres de toda responsabilidad seríamos más felices y nos sentiríamos en control, pero esta "libertad" es un espejismo, los que estamos en cuarentena lo hemos descubierto. Quién no llego a envidiar a su mascota, ya que estas se la viven comiendo y durmiendo todo el día y ahora podemos comprobar que este estilo de vida es muy aburrido y deprimente.


En realidad, queremos sentirnos útiles, conectarnos con la humanidad y servir a los demás. Desafortunadamente nuestra cultura superficial hace que nuestros logros y esfuerzos parezcan insignificantes a menos que estés haciendo algo monumental que impacte a millones, que todo el mundo se entere de lo que hiciste o seas famoso. 


Esta cultura de #girlboss y #mentesmillonarias tener un empleo o ser ama de casa ya no es visto como suficiente. Ya la gente no busca abrir un pequeño negocio, sino que ahora tiene que ser toda una marca y convertirse en una empresa millonaria. 


Estamos inundados con cursos de como ganar miles de dólares aquí y allá que es fácil caer en la trampa de que el éxito está a la vuelta de la esquina o perseguir logros solo para demostrar cuánto valemos.  


Estamos tan inundados de opciones de las cosas que PODEMOS lograr que es fácil decir sí a todo y sobre comprometerse solo para resentir esos compromisos después. Por lo tanto, soñamos con la simplicidad y el espacio. Sin embargo, luchamos contra este espacio llenándolo con todas estas cosas por hacer…. porque, si no estás constantemente en movimiento ... ¿qué estás haciendo con tu vida?


Tenemos cultura de esclavitud donde ser un adicto al trabajo es visto como algo positivo.  A veces luchamos tan duro por algo que creemos que nos dará esa felicidad y cuando lo obtenemos nos damos cuenta de que en realidad no era realmente lo que queríamos o que perdimos más de lo que ganamos.


En mi caso perdí a mi perrita, pero hay miles de historias de personas que han perdido pareja, familia, salud y amistades por hacer de su éxito profesional su prioridad. Es común que el líder de la familia llegue a casa de mal humor y no quiera interactuar con sus hijos. Cada vez hay más divorcios e hijos que crecen sin uno de sus padres o accidentes causados por estar distraídos tratando de balancear todas las responsabilidades.


A veces me pregunto si todos estábamos colectivamente cansados y de una manera u otra manifestamos un descanso.


Antes de esta pandemia vivimos en un mundo obsesionado con la competencia, un estilo de vida grandioso, celebridades famosas y la ambición de llegar a ser como ellos. Es tan fácil ver ahora lo poco que contribuyen a nuestra sociedad. Y esto no es hablar mal de ellos, solamente que en estos tiempos de crisis valoramos más a un doctor, enfermero, chofer, agricultor, maestro, o a un empleado de tienda. Sin embargo, antes de esta tragedia mundial muchos no veíamos que tan importantes son estos empleos y profesiones.


Hoy todo el mundo estamos cruzando tiempos confusos donde realmente nadie sabe lo que va a pasar. Lo único que sabemos es que mientras tengamos vida podemos encontrar la manera de alcanzar nuestros sueños sin perder de vista lo que realmente importa. Es hora de echar un buen vistazo a la manera que hemos estado viviendo y decidir qué vale la pena y qué no, a qué le estamos dando nuestro tiempo. ¿Qué estamos persiguiendo y por qué?


Tener éxito es un objetivo admirable pero tiene un costo. Es trabajar hasta tarde, largas horas, dolor de espalda y sacrificios. Y aunque esta revista se enfoca en lograr tus objetivos y salir adelante, es importante no descuidar lo que ya tenemos. Una vida tranquila y sencilla es tan buena como una vida glamorosa, una casa chiquita puede ser tan acogedora como una mansión. No tenemos que quedarnos en el hotel más caro de la ciudad para disfrutar de unas vacaciones o comprometernos con un estilo de vida que nos cueste demasiado. Lo más caro no es siempre lo mejor y menos si estamos perdiendo quien somos, descuidando lo que no tiene precio o sacrificando nuestra salud y paz interna.

Debemos esforzarnos por ser mejores y crecer, pero es muy importante detenerse, descansar, disfrutar de la vida misma. Pasar tiempo con la familia o los amigos debería de ser una prioridad, ya que nunca sabemos cuándo los veremos por última vez. ****


 

 

 

 

 

 

 

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