Rosemary Navarro: “En este país hay éxito para quien verdaderamente lo quiere”

October 7, 2015

Navarro Dentistry llega para embellecer sonrisas

 

 

De adolescente, la pasión de Rosemary Navarro era pintar y dibujar, lo que ella no sabía es que muy pronto descubriría el arte de embellecer sonrisas con aún más entrega.

Hoy en día, su negocio que lleva de nombre Navarro Dentistry, en la comunidad de Sylmar, ha obtenido tal nivel de reconocimiento  por su profesionalismo que inclusive recibe hasta 200 pacientes mensualmente.

Navarro Dentistry se enfoca en la prevención de enfermedades y la restauración completa de la dentadura en mal estado con su equipo de maquinas avanzadas y un personal 100 por ciento calificado.

Rosemary le platica a Éxito Latino cómo logró esta meta al mismo tiempo que impulsa a la comunidad y sobre todo a la juventud, a llevar a cabo sus sueños sin poner excusas.

 De Bolivia a Estados Unidos

Como la mayoría de familias inmigrantes, los padres de Rosemary se mudaron de Bolivia en 1969 para ofrecerle una  mejor oportunidad de educación.

En aquel entonces, Rosemary tenía 14 años de edad y la educación profesional no estaba en su mente tanto como lo estaba la pintura y el dibujo, admite ahora la señora de 61 años de edad.

“Lo que me interesaba era el arte. Nada de ciencias. Pero un día mi papá me dijo: ‘si vas a ser artista te vas a morir de hambre’. En ese entonces yo tenía 18 años de edad y ese mensaje me dejó pensando qué iba a ser el resto de mi vida”, dice Rosemary. 

“Mis papas venían familia profesional y el objetivo de su traslado era darme una mejor educación.  En aquel entonces Bolivia era un país inestable. Mi padre era un ingeniero agrónomo y mi madre una profesora de secundaria, así que  la única opción que tenía era elegir una profesión”, comparte Rosemary.

Nace una nueva pasión

Sin saber lo que haría con su futuro y viendo que sus compañeros de la preparatoria se estaban preparando para la universidad, Rosemary tomó un empleo  de tiempo parcial como asistente de un ortodontista.

“Fue ahí donde me enamoré de la odontología. Así que un buen día tomé un camión para la facultad de odontología en la Universidad de Sur de California y fui a preguntar qué tenía que hacer para estudiar la profesión”, dice Rosemary. 

La boliviana tomó sus primeros cursos en Los Ángeles  Community College, donde alcanzó un puntaje de 4.0 en sus calificaciones, lo que la llevó a ganarse el reconocimiento de la escuela y formar parte de la lista de los alumnos más sobresalientes de la misma. 

Poco tiempo después, la estudiante se trasladó a USC donde se graduó con una licenciatura en 1978. La joven continuó sus estudios en la Universidad de California de Los Ángeles para obtener su maestría en 1983. 

Alma de empresaria

Mientras Rosemary estudiaba, la joven también trabajaba haciendo lo que más le gustaba.  Sin embargo, en 1987 nació su primer hijo y en ese entonces decidió abrir su primera oficina.

“Trabajé  durante dos años,  hasta que nació mi hija en 1989 y se me hizo imposible atender el negocio y la familia al mismo tiempo”, dice Rosemary.

La madre de familia no quitó el dedo del renglón y  hasta que su hija entró a la preparatoria esta decidió abrir Navarro Dentistry un abril del 2001.

La señora consiguió dinero para equipar la oficina, pero eso no fue lo difícil, platica la empresaria, sino mantener el negocio en pie, entrenar al personal y seguir las reglas del estado.

“La diferencia de Navarro Dentistry a otras compañías es la pasión que tenemos, el buen trato al paciente y el afán genuino por hacer de sus sonrisas una obra de arte”, dice Rosemary. 

Cuando se quiere se puede

“No importa de dónde vengas, de qué cultura seas… en este país hay éxito para quien verdaderamente lo quiere”, señala Rosemary.

“Muchos jóvenes salen de la preparatoria, les gusta el carro nuevo, la camisa nueva, el último iphone y  piensan que lo tienen todo. Muchos siguen buscando un trabajo en lugar de crecer. Yo les recomiendo que encuentren la forma de crecer”, sostiene la empresaria. 

Rosemary dice con orgullo haber tenido solamente dos “jeans” al momento que asistía a la universidad, no tener ropa de marca y solamente gastar un dólar por día para su comida así como beber agua de la pileta de la escuela.

“Mi afán siempre fue graduarme. El resto no importaba. Ahora yo le digo a los jóvenes, pregúntate qué te gusta hacer, cómo quieres verte en 10 años y sacrifícate”, dice Rosemary.

"Lo cierto es que “es fácil encontrar excusas para no hacer las cosas. Es mucho más difícil ponerte una meta y conseguirla, pero se puede”, añade la profesionista.***

 

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