LA LEYENDA INMORTAL DE LOS ENANITOS DE LONG BEACH

¡SI TE DESCUBREN HUSMEANDO EN SUS VECINDARIOS NO SALDRÁS VIVO!

Estas persona son de corta estatura y completamente inofensivos a menos de que invadas sus propiedades; entonces te perseguirán con palos, piedras, bates e inclusive cuchillos hasta que los dejes en paz, cuenta la leyenda urbana.

Los enanitos viven escondidos en pequeñas regiones dentro de las ciudades de Long Beach, Downey y la Jolla. Sus hogares están construidos a su escala, dice la leyenda que para muchos “testigos” es todo una realidad.

Las viviendas misteriosas están tan bien escondidas que sus calles no aparecen en los mapas o el Internet. Así que como buen fanático de las leyendas urbanas, decidí escuchar a algunos “testigos” y me aventuré a Long Beach, en el vecindario de  Bixby Knolls.

 

 

Para esta aventura se me recomendó ir de noche para no despertar la curiosidad de los vecinos ni de la policía. Se me recomendó también ser muy paciente al buscar la calle, ya que como les conté, nadie sabe la dirección exacta. Mis testigos me dijeron que tenía que manejar por las calles cerca al Virginia Country Club.  Asimismo, me recalcaron que para llegar al vecindario tenía que entrar por una calle sin salida.

 

 Nada de esto tenía sentido, pero así lo hice. Una vez en el área abrí bien los ojos y con ansias de niño a punto de recibir un dulce, me puse atento.

 

Como fanático, quería que la leyenda fuera verdad y ver la aldea. Mis manos me sudaban, mi corazón palpitaba más rápido de lo normal y las muecas entre risas y nervios eran inevitables.

 

Finalmente, la paciencia me pagó bien. Me encontré con una calle que parecía haber terminado. No se veía más que una señal que decía que no atravesara. “Es aquí”, me dije en voz alta e ignorando la señal me seguí de frente hasta topar la pared.

 

Para mi sorpresa, a mi lado izquierdo había un camino completamente oscuro donde solamente cabía un carro en una sola dirección. Al dar la vuelta hacia el camino en descenso, lo único que veía eran paredes de ambos lados tapizadas de enredaderas. 

 

No había forma de regresar más que seguir bajando. Estando abajo vi una calle circular y casitas pequeñas, con ventanas y puertas chicas. Había luz dentro de algunas casas, pero no se veía gente. Al terminar el circulo, había otra vereda para manejar aun más abajo, pero me ganó “la gallina” en mi y decidí regresar por donde entré.

¿Existe  el vecindario de enanitos? No lo sé. No he regresado y no quiero. Tal vez porque quiero conservar la leyenda tal y como es.***

 

 

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