La sal

 

Sabemos que el consumo elevado de sal es perjudicial para la salud.

Muy poca gente sabe que la composición de la sangre que fluye en nuestras arterias y venas es prácticamente igual al agua salina del mar primario, o sea una solución con la misma concentración de elementos que tenía el mar hace millones de años.

 

Sin embargo la sal que llevamos a nuestra mesa tiene muy poco que ver con la sal que nuestro cuerpo necesita.

 

Y es que su refinamiento hace que la sal haya perdido los minerales valiosos. El exceso de cloruro sódico, el flúor, y yodo artificiales además de los conservantes y estabilizantes hacen que esta sea aún más dañina.

 

¿Sabías que la palabra salario de deriva de la sal?

Pues en la antigüedad era tan valiosa que se usaba para pagar a los soldados.

Pero hoy es la causa de diversas enfermedades y junto con la azúcar refinada es considerada como uno de los “venenos blancos”.

 

¿Pero porque la industria decidió convertir la sal natural en simple cloruro de sódico?

Pues porque según los científicos de esa época, los elementos que contenía la sal eran impurezas innecesarias, y solo bastaba el cloruro sódico para darle sabor a los alimentos.

 

No suficiente con eso decidieron añadir yodo y el flúor, de manera artificial.

El yodo es toxico si se sobrepasa el mínimo necesario y se añade porque se supone que mejora la función de la tiroides. El flúor es uno de los elementos más radiactivos que existe, pero según ellos es bueno para los dientes.

Y no olvidemos los conservantes que evitan que la sal se apelmace. Uno de ellos hidróxido de aluminio,  un metal que en exceso se deposita en el sistema nervioso y en el cerebro.

 

Lo que según algunos investigadores independientes podría estar detrás de la enfermedad Alzheimer's. Sin embargo este también se utiliza en envases como en las sodas y cervezas.

 

 ¿Pero porque se comercializa la sal de mesa?

Más claro ni el agua, es un saborizante artificial, que además de barato en exceso puede dar lugar a numerosas enfermedades, incluidas las cardiovasculares, renales, y por supuesto la hipertensión.

 

¿Quién saldría ganando?

Al buen entendedor pocas palabras.

 

¿Qué podrías consumir?

En su lugar podrías consumir la sal de mar en grano, o la sal del Himalaya, que todavía tienen los 84 minerales que nuestro cuerpo necesita.

 

Pero como siempre tu tienes la última palabra.

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