Un inmigrante con la sazón del triunfo…

September 3, 2015

Abraham Guzmán Garavito

abre los famosos restaurantes Metro Balderas

 

Su intención era trabajar en Estados Unidos y  ahorrar para abrir un negocio de mecánica en México, pero el haber cocinado antojitos de su país en las fiestas de cumpleaños de sus dos hijos, le cambió la vida para siempre.

 

 Abraham Guzmán Garavito se habría abierto las puertas al éxito, como dice el Chavo del 8, “sin querer queriendo”. Ya que sus guisos fueron la sensación de muchos invitados que vieron su talento y lo alentaron a tomar la cocina como un negocio.

 

Ese talento, sus ganas de superación y perseverancia, fueron la clave para abrir los famosos restaurantes que  ahora llevan en nombre de METRO BALDERAS en las comunidades de Highland Park, Panorama City y Northridge.

 

Los restaurantes son conocidos por la variedad de antojitos que ofrecen a los consumidores que llegan en buscan de platillos auténticos de la capital. La gente no se va sin haber pedido los famosos taquitos, los huaraches, tortas y gorditas, que entre otros platillos hacen agua la boca con tan solo verlos y olerlos.

 

Abraham llegó a Estados Unidos con una visa de turista a los 17 de edad, en 1985. Como muchos jóvenes los primeros tres años de su vida asistió a la escuela, trabajó y se dedicó a la “fiesta” mientras vivía con unos tíos, dice con una sonrisa carismática el emprendedor.

 

Sin embargo, luego de visitar a sus familiares  en México por dos meses y volver a regresar al país de los sueños cruzando la frontera con Tijuana, este tomó su futuro más enserio y se convirtió en todo un mecánico.

 

No obstante su historia toma un giro de 180 grados al querer cocinar algo delicioso para la fiesta de su hijo de dos años de edad.

 

“En esa ocasión estaba pensando en qué cocinar para la fiesta.  De casualidad conocí a un carnicero que me dijo que me podía conseguir la carne de suadero. Allá en México, mi mamá vendía tacos y gorditas así que ya tenía la experiencia de los antojitos  y decidí hacer suadero, tripa y longaniza”, dice Abraham.

 

El mecánico se fabricó una base de comal y esta deleitó a sus invitados. En la fiesta, una amiga le mencionó que debería tomar la cocina como un negocio, pero “eso no era para mí”, dice Abraham.

 

Un mes después era la fiesta de su pequeña de un año de edad y “nadie me preguntó qué festejaba sino qué vas a hacer de comer”. Abraham preparó pambazos, tostadas de pata y tacos. El día de la fiesta llegó gente  que ni conocía y hasta 500 dólares en dinero que le dieron para regalos.

 

A finales de ese año, Abraham hace una fiesta en diciembre y con un cazo que le lleva su mamá de México, este prepara buche, nana, trompa y oreja. Uno de los invitados se le acercó y le pidió sus servicios. Entonces en la fiesta de su primer cliente obtuvo otros tres clientes más.

 

La siguiente parada, “METRO BALDERAS”

 

Desde entonces todos los sábados  y domingos como por seis meses Abraham hacia  taquizas mientras los domingos vendía tacos en su casa de Reseda hasta que un dio los vecinos, descontentos por el ruido, juntaron firmas para que las autoridades le prohibieran sus ventas.

 

El capitalino dejó de vender tacos por tres meses, sin embargo había juntado 20 mil dólares para abrir un negocio de mecánica.

“Fue entonces cuando una tía me dijo que había visto un local y me animé a verlo”, dice Abraham.

Después de negociar con el dueño del local y dos días después de su cumpleaños, Abraham abre su primer restaurante en diciembre de 1995. A este le siguió un restaurante  en Panorama en el 2001 y otro en Highland Park en el 2008.

“El primer día la gente abarrotó el local. De la emoción y de lo ocupado que estaba que ni sentí hambre o cansancio”, comparte Abraham.

 

El negociante pausa unos momentos para recalcar que no cree en el sueño americano, mas sin embargo cree en los sueños que cada individuo se propone.

“Mis padres siempre fueron personas que no se quedaban quietos… siempre trabajando y la verdad si no sudas, las cosas no llegan por sí solas”, sostiene Abraham.

Con la experiencia que ha adquirido, hoy y en día, Abraham le dice a todos aquellos que quieren abrir un negocio que la dedicación, las ganas así como el cuidado de las finanzas fueron la clave que lo llevaron al éxito y que también pueden llevar a quien de verdad crea en sí mismo.***

 

 

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