Una emprendedora con alma de guerrera “La única forma de avanzar es venciendo el miedo”

November 3, 2016

Cuando Ligia M. Baires salió de su natal El Salvador para lograr el sueño americano, ésta mujer no estaba bromeando. 

En tan solo tres años, la inmigrante de 37 años de edad, ha logrado abrir su restaurante La Sabrosa, en la comunidad de Sylmar, y establecer una clientela que inclusive pide sus servicios a domicilio.

Ligia no sabía mucho sobre el mundo de los negocios cuando llegó a este país, ni siquiera pensaba que ese sería su futuro. De lo que estaba 100 por ciento segura era que tenía que triunfar.

“Si sacrificaste tanto para venir a este país y dejaste a tus seres queridos atrás, estas acciones no deben de ser en vano. Debes cumplir lo que te prometiste y luchar por ello hasta con los dientes”, dice la emprendedora.

Entre sonrisas cálidas, Ligia nos platica que se graduó en El Salvador como nutricionista. Sin embargo, su sueño siempre fue venir a Estados Unidos para estudiar aún más. 

 

 

“Mi primer trabajo en este país fue en un restaurante de ayudante de cocina en la ciudad de Van Nuys. Ahí conocí a Efraín Arévalo, el hombre del cual me enamoraría”, dice Ligia. 

 

Su meta era ahorrar suficiente dinero para revalidar su profesión en este país, lo cual logró en poco más de un año. La inmigrante quería trabajar  en esa profesión que tanto le satisfacía, pero a medida que avanzaban los meses la desesperación por no encontrar empleo en su ramo la hizo caer en una depresión.

 

“No encontraba trabajo y estaba muy triste. Recuerdo que una ocasión una amiga me dijo que aprovechara el don que Dios me había dado y combinara mis talentos de cocina con la nutrición y así lo hice”, dice Ligia.

 

Sin nada que perder, la soñadora empezó a investigar todo sobre  “las taquizas”, el servicio de taquería a domicilio que no existe en El Salvador.

 

“Con emoción le  comenté a mi novio y le propuse que lo hiciéramos para empezar a ganar dinero mientras no encontraba empleo y le gustó la idea. Entonces publiqué los anuncios en Facebook y la gente empezó a responder”.

 

En dos años que Ligia había llegado a este país, ella y Efraín ya se encontraban ocupados todos los fines de semana para servir a los clientes que les preguntaban dónde más podían consumir sus antojitos.

 

¿Y por qué no abrir un restaurante?

Una vez más, Ligia decidió dar otro paso adelante.

“Le conté mi sueño a mi pareja, la idea del negocio y lo bonito que sería compartir mi cultura y la de él, quien es mexicano, a través de nuestros platillos típicos al mismo tiempo que ofrecíamos un producto sabroso y sano”, sostiene la emprendedora.

 

El detalle más grande es que ninguno conocía las leyes sobre qué hacer para abrir un negocio, o los trámites que se necesitaban, inclusive no sabían si necesitaban estar legalmente en el país.

 

Afortunadamente, enfatiza Ligia, un sobrino le ayudó a investigar los por mayores viendo que la apertura era posible.

 

“Aunque siempre hay alguien que te dice que no vas a poder, que no hay dinero, que eres inmigrante y es difícil, esos comentarios siempre me dieron fuerza. Yo me decía a mí misma, ‘si me caigo, me puedo levantar. Dios me da las herramientas, no puedo temer’…”, comenta Ligia.

 

Fue así como empezó a buscar un local hasta que encontró un lugar a unos minutos de su hogar. El lugar estaba equipado y el dueño ya había cerrado sus puertas en busca de venderlo.

 

“Me pedía 10 mil dólares para empezar, pero ni siquiera tenía el dinero. Decidí preguntarle si podía darle la suma de forma mensual al fin y al cabo no iba a perder nada con preguntar”, señala Ligia.

Para su fortuna, el negociante aceptó su oferta y fue así como en febrero del 2016, Ligia y Efraín abrieron La Sabrosa, que actualmente ofrece comida mexicana y salvadoreña con unos 25 platillos en el menú y comida para eventos a domicilio.

“Venimos a este país a progresar”

 

Para Ligia, la meta no termina ahí, ella quiere abrir otros restaurantes para compartir su comida sabrosa en otras comunidades. 

 

Para Ligia, el sacrificio más grande ha sido el no poder ver a la familia que dejó en El Salvador y, por supuesto, el tener que trabajar inclusive fines de semana a altas horas de la noche dejando atrás los paseos, las cenas románticas y hasta el baile.

“Hay que luchar contra viento y marea por todos los sueños que quieres cumplir. La única forma de avanzar es venciendo el miedo al fracaso, a lo que diga la gente y a los pensamiento negativos”, dice Ligia.

 

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