El verdadero valor de un regalo

November 10, 2019

Hace unos meses encontré el set de DVDs de una de mis series favoritas.  Motivada por el entusiasmo estuve a punto de comprarlo, pero me detuve para checar el precio en Amazon y vi que podía ahorrar dinero si lo compraba ahí.  

 

Ese mismo día vi a mi hermano y le comenté que esa serie que tanto había disfrutado en mi niñez estaba disponible en DVD, y que la iba a comprar.  Después se me vinieron unos gastos, y con la temporada navideña encima tuve que poner pausa en mi auto regalo. 

 

El día de navidad mi hermano me dio mi regalo, que para mi sorpresa era la serie de DVDs.  Él sabía cuánto la quería, y que me había quedado con ganas de comprármela. Para mi este regalo fue doblemente especial pues no solo era algo que yo realmente quería, sino que venía de las manos de una persona muy especial para mí.

 

Después me puse a reflexionar y me di cuenta de que si yo hubiese seguido mi impulso de comprarme la serie en ese momento me habría privado de este momento tan especial con mi hermano. Al igual lo privaría a él de la satisfacción de haberme hecho este gesto que me dio tanta felicidad. 

 

 Nuestra cultura es un gran anuncio publicitario, especialmente las redes sociales y comerciales de televisión, cada minuto, se nos está vendiendo algo. 

 

Estamos entrenados a consentirnos, mimarnos y como niños caprichosos queremos recibir todo lo que creemos merecer y lo que se nos antoja instantáneamente, rara vez esperando hasta que el cerebro se haya enfriado y se pueda tomar una decisión racional.  

 

Si queremos algo y tenemos el dinero para comprarlo, lo obtenemos en ese mismo momento.  Tal vez es el miedo a no poderlo encontrar después o el deseo de querer llenar ese famoso vacío que parece no llenarse con nada, es lo que nos motiva a comprar, comprar y comprar.

 

Debido a este condicionamiento, nos privamos de ciertas experiencias o la oportunidad de ser sorprendidos por nuestros seres queridos. 

 

Antes de esta experiencia no recuerdo cuándo fue la última vez que alguien me sorprendió con algo que realmente quería. Para ser honesta, todo lo que me gustaba me lo compré yo sola y usualmente en el momento que lo vi, sin crear una emoción, anticipación o anhelo autentico que me llevara a realmente darle valor y aprecio a las cosas. 

 

Así como yo, miles de personas viven rodeadas de cosas materiales que satisficieron esa necesidad emocional pero realmente carecen de sentido.  ¿Cuántas veces no has escuchado a alguien decir… qué se le puede regalar a alguien que ya lo tiene todo? Es por ello que a la hora de comprar regalos terminamos regalando cosas genéricas y sin toque personal. 

 

Creo que es una buena idea aprender a esperar, y en lugar de auto regalarnos constantemente podemos compartir con nuestros seres queridos las cosas que en verdad queremos.  

 

Tal vez el ser sorprendido con un regalo que alguien te escuchó decir que querías, convierta esa pertenencia algo mucho más especial. Vale la pena intentarlo… ¿No lo crees?

 

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